Los jaguares

San Francisco

Parque Bicentenario, Santiago de Chile.

Los chilenos, los jaguares de latinoamérica. Siempre me ha molestado ese sobrenombre por lo sarcástico y odio que es, pero también porque evidencia una separación de mi país con la región que al parecer es verdad.

La palabra “Latino” siempre se asocia con países caribeños y cercanos al ecuador, como Colombia, Venezuela y Brasil. Amigables, cercanos, buenos para bailar, felices y despreocupados. Ninguno de esos adjetivos son los que nos calificaríamos a nosotros los chilenos. Siempre con pega, amigables hasta por ahí, nos tomamos todo el copete y siempre tenemos presente esa rivalidad con países vecinos.

Eso pensaba yo, desde Temuco. Y lo curioso es que Chile está tan alejado de todo que en el país hay sólo chilenos. Puedes pasar toda tu vida sin ver a más de uno que otro argentino al año. Eso nos ensimisma, nos hace efervecer al más mínimo cambio que existe en nuestra sociedad, que por dentro parecen verdaderas tormentas pero por fuera no es más que un chubasco.

Trasladándome a Santiago me di cuenta que la capital es una ciudad muy diferente al resto del país. El costo de vida es lo principal, pero también como es la gente en el día a día y en las cosas que tienen que soportar. En el sur la gente es mucho más amable y cercana, en la capital, más desconfiada.

Saliendo del país me di cuenta lo pequeño que son nuestras diferencias con los otros países de la región. Las cosas cambian de nombre, las frases se construyen distinto, los problemas en algunos son más graves, pero en general tenemos los mismos problemas y queremos lo mismo.

¿Somos los chilenos más desconfiados, menos amigables, mas odiosos? La respuesta es la misma al comparar un sureño con un santiaguino. Quizás en algunas situaciones puede que se dé, pero la verdad es que nos parecemos mucho cuando lo ves desde un país como Estados Unidos. Ellos sí que son distintos. Los latinos, incluido Chile, somos bien parecidos.